Anoche constaté lo duro que es volver a Prisionero de Azkaban después del libro 7. ¿No podías dejar uno vivo, Joanna? Los arrancó del pasado y los hizo desfilar ante Harry para luego sacarlos con alicates. Mujer despiadada.
Cada vez que vuelvo a la escena en la Casa de los Gritos, estoy pensando que ojalá esta vez sí maten a Peter, que ojalá Snape no sea tan entrometido, que ojalá Lupin se haya tomado el matalobos, que ojalá a Harry se le hubiera ocurrido paralizar a Peter en vez de solo desarmarlo.
A ratos me cae mal el Expeliarmus. Lupin tiene alguito de razón cuando le dice que se ha convertido en su firma, pero un poquito nada más: tampoco me gustaría que Harry fuera por ahí matando gente sin pensarlo mucho. No sería Harry.
Pero Sirius, Sirius contemplando Hogwarts y diciéndole a Harry que quizás, si él quiere, si no le molesta alejarse de sus tíos, podría irse a vivir con él… Me da una pena porque ellos nunca van a tener la oportunidad de ser una familia.
Quizá por eso no odio con pasión el famoso epílogo de Deathly Hallows. Es pasteloso chicloso carameloso, pero rayos, Harry tiene una familia propia por fin, Hermione y Ron la tienen, Bill y Fleur la tienen, hasta Draco Malfoy tiene una. Y aún así, ella no podía dejarnos salir ilesos, porque ahí está Teddy Lupin.
Y no es que me desagrade que exista Teddy, porque así puedo soportar mejor que Remus se vaya del colegio al final de Prisionero de Azkaban, por ejemplo. Dan ganas de decirle: Eh, Lupin, no estés tan triste, aún no sabes lo que puede pasar.
Claro, pasan cosas muy malas. Pero también pasa Teddy, y pasa Tonks. Me doy cuenta a este punto que la familia ha sabido ser algo importante. Por eso me gustan tanto los Weasley. Por eso creo que uno de los momentos más tristes son el asesinato de Cedric, Cedric pidiéndole a Harry que le lleve el cuerpo a su padre, Harry regresando con él a Hogwarts y Amos Diggory llorando. Si en algún momento odié a Voldemort, es en ese.
Ya me puse existencialista. Mejor me marcho, hasta que pueda comentar mejor algún otro aspecto del séptimo libro. Queda mucho por digerir. No en vano han sido, en mi caso, siete años.